Ignatius Farray, el mago de la comedia

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Ignatius Farray, el mago de la comedia

En la magia existe una técnica llamada “forzaje”, que consiste en hacer creer al espectador que tiene libre elección a la hora de escoger una carta de la baraja, pero en realidad el mago está haciendo que coja una concreta que él ha decidido previamente.

Eso mismo hace Ignatius Farray en su show unas cuantas veces. Cuando lo ves por primera vez, parece un caos absoluto que va surgiendo de la nada, lleno de pequeñas casualidades improvisadas que acaban dando una forma redonda al espectáculo. Pero cuando lo has visto varias veces, te das cuenta de que es algo mucho más grande.

El monólogo de don Juan Ignacio Delgado Alemany es una obra de teatro, una obra tan perfectamente ensayada que parece surgir de manera natural, al momento, como si no tuviera nada preparado. Esa espontaneidad es fruto de haber trabajado tanto un texto que puede repetirlo entero casi palabra por palabra sin que parezca que lo hace. Y si alguna vez te has subido a un escenario, sabrás lo difícil que es eso.

Pero lo que más me fascina son, como decía al inicio, los “forzajes” que Nacho ejecuta como si de un mago se tratara. Hay varios “personajes” que él mismo consigue crear dentro del público, vaya donde vaya.

El subnormal y el sudaca seguramente sean los más fáciles de conseguir, aunque el primero, no sé si por la inercia del momento, acaba metiéndose (mucho) en el papel.

Es especialmente curioso que siempre encuentre a una pareja que está dándose la mano mientras él habla de algo obsceno. Y es un momento importante que no funcionaría si esto no sucediera.

Cuando pregunta si no hay ningún sudaca más, siempre hay alguien que se da la vuelta y acaba siendo el nazi (si quieres saber por qué, tendrás que pagar los 20 € del show).

En un punto muy concreto también consigue unas risas desperdigadas por el público, que él enfatiza en contraposición con la carcajada conjunta del comienzo y usa como prueba de que ahí empieza la decadencia de la función.

Y, como si de un mago con un compinche se tratara, cuando le pregunta a alguien del público su nombre, coincide que suele ser alguien con un nombre poco común, para rematar con “un nombre clarísimamente inventado”.

Estos son solo algunos de los momentos que he apuntado esta vez, pero hay muchos más, y cuanto mejor conozco el texto y los tiempos del show, más me fascina verlo y analizarlo, porque va mucho más allá de un monólogo que te hace reír. Y más ahora que la moda es subirse al escenario a preguntarte qué coche tienes o si tienes novio, mientras el que sujeta el micro se ríe solo.

Bueno, que me ha dado mucha envidia sana y me apetecía escribir sobre ello. Llevo días queriendo sentarme a escribir y no hay manera, así que ha sido una buena excusa. Espero que la siguiente no se haga de rogar, que tengo unas cuantas ideas, pero me falta tiempo para desarrollarlas.

Un abrazo,
A.